
En 2026, el marketing digital entra de lleno en la era «sin cookies de terceros». La eliminación programada de las cookies publicitarias ha vivido múltiples giros en los últimos años. Tras varios aplazamientos, Google sorprendió a la industria en abril de 2025 al decidir finalmente no bloquear por defecto las cookies de terceros en Chrome, optando en su lugar por presentar a los usuarios un «prompt global de consentimiento».
En la práctica, este enfoque —similar a la App Tracking Transparency de Apple— permite a las personas elegir si activan o no el seguimiento publicitario. Los expertos anticipan que una amplia mayoría lo rechazará, creando de hecho un entorno comparable a Safari o Firefox (que ya bloquean las cookies de terceros) y, según algunos observadores, «sellando el ataúd de las cookies de terceros». En otras palabras, incluso sin una prohibición técnica absoluta, el alcance de las cookies de terceros en 2026 será extremadamente limitado.
Paralelamente, las normativas se han endurecido para proteger la privacidad. El RGPD en Europa exige desde 2018 el consentimiento explícito para las cookies no esenciales, y las autoridades intensifican sus controles. En 2025, la CNIL (Francia) impuso una multa récord de 325 millones de euros a Google por incumplimientos relacionados con las cookies publicitarias y el consentimiento. Esta sanción ilustra la mayor severidad regulatoria: mostrar publicidad segmentada sin el consentimiento explícito del usuario o condicionar un servicio a la aceptación de cookies es ilegal. Otros textos recientes, como la Digital Services Act europea aplicada a finales de 2024, también regulan la publicidad dirigida (prohibición del targeting a menores y de datos sensibles, exigencias de transparencia, etc.).
La tendencia mundial es clara: la privacidad del usuario es prioritaria, aunque suponga una transformación profunda de las prácticas publicitarias.
Este cambio también responde a las expectativas del público. Somos cada vez más sensibles al uso de nuestros datos personales. Según la CNIL, el 40 % de los usuarios rechaza ya las cookies cuando se les da a elegir. Las tasas de consentimiento a cookies cayeron aproximadamente un 15 % en un año, hasta una media del 39 %. En consecuencia, cerca del 99 % de los responsables de marketing afirma que las preocupaciones sobre la privacidad ya impactan en sus estrategias de personalización. Incluso sin esperar a una ley o a un cambio de navegador, el propio mercado evoluciona hacia lo cookieless: la presión regulatoria, las preferencias de los usuarios y la innovación técnica confluyen para reconfigurar el panorama en 2026.
- Retos cruciales para editores y anunciantes
- Alternativas a las cookies de terceros: ¿por dónde empezar?
- Apostar por la publicidad contextual
- Explorar identificadores alternativos (IDs únicos compartidos)
- Adoptar el targeting probabilista y métodos sin identificadores
- Aprovechar la Web Push: una palanca sin cookies y con opt-in directo
- Un playbook «privacy-first» en 8 pasos
- Tabla comparativa de alternativas a las cookies de terceros
- Hacia una publicidad eficaz y ética
Retos cruciales para editores y anunciantes
La desaparición de las cookies de terceros supone un gran desafío tanto para los editores de sitios como para los anunciantes. En el caso de los editores, la preocupación afecta al modelo económico. Históricamente, las cookies permitían una segmentación precisa de los visitantes, sinónimo de altos ingresos publicitarios.
La IAB estimó que, con el fin de las cookies de terceros, los editores podrían perder más de 10 mil millones de dólares en ingresos publicitarios en todo el mundo. Menos segmentación significa, a corto plazo, inventarios menos «monetizables» y presión a la baja sobre los CPM. Los editores deben reinventar la propuesta de valor de sus espacios para preservar sus ingresos.
Para los anunciantes, el temor es perder rendimiento y medición. El retargeting, el seguimiento del customer journey en varios sitios o la atribución multitouch pueden desmoronarse si desaparece la identificación entre sitios.
Algunas campañas ya rinden peor en Safari/Firefox debido al bloqueo de cookies. El marketing de afiliación, por ejemplo, ha sufrido una verdadera «crisis del seguimiento» en los últimos años: al no poder rastrear con fiabilidad al usuario de un sitio a otro, las marcas tienen dificultades para atribuir conversiones a un determinado partner. Sin adaptación, una parte del presupuesto de marketing volverá a ser “ciega” (sin saber qué canal convierte) o menos rentable.
Sin embargo, este punto de inflexión no es solo una limitación: también es la oportunidad de reconstruir la confianza con las audiencias. Al adoptar soluciones más respetuosas con la privacidad, editores y marcas pueden mejorar la experiencia de usuario (menos banners intrusivos, más pertinencia contextual) y reforzar su imagen de fiabilidad. Los anunciantes sufren menos rechazo o bloqueo de anuncios por parte de internautas cansados del tracking indiscriminado. En cuanto a los editores, orientar sus prácticas hacia la privacidad puede fidelizar una audiencia de mayor calidad, más comprometida. Bien gestionado, el paso al modelo sin cookies puede reconciliar la eficacia del marketing con el respeto al usuario, allí donde el ecosistema anterior había erosionado la confianza pública.
Por último, seguir la vía cookieless también es una manera de controlar el riesgo jurídico y financiero. Más allá de las multas mencionadas, ignorar las obligaciones de consentimiento o intentar sortear la ley (por ejemplo con rastreo oculto) expone a sanciones severas y a un bad buzz desastroso. En cambio, los actores que se adelanten en 2026 para cumplir las nuevas reglas obtendrán una ventaja competitiva: ya habrán optimizado sus campañas con nuevos métodos mientras otros siguen ajustándose. Anticipar la transición ahora limita los daños a corto plazo y posiciona como líder en publicidad responsable para el futuro.
Alternativas a las cookies de terceros: ¿por dónde empezar?
Ante estos retos, ¿cómo iniciar de forma práctica la transición hacia una publicidad sin cookies de terceros? La buena noticia es que ya existen varias soluciones sustitutivas para seguir segmentando y personalizando sin vulnerar la privacidad. Ninguna es panacea universal, pero al combinarlas se puede recrear un ecosistema eficaz y sostenible. Repaso de las principales alternativas y consejos para activarlas en 2026:
Priorizar los datos first-party (cookies propias y datos de titularidad)
Los first-party data —es decir, los datos recogidos directamente de tus usuarios en tus sitios, apps o puntos de contacto— son el pilar central de un mundo sin cookies de terceros. Incluyen las cookies propias (first-party cookies) de tu sitio, así como información de registros, cuentas de cliente, CRM, programas de fidelización, analítica de navegación on-site, etc. Estos datos te pertenecen y reflejan el comportamiento real de tus clientes con tu marca.
Las ventajas de los first-party data son múltiples: mayor calidad y fiabilidad, recogida transparente (si el usuario está informado y consiente) y una conformidad con el RGPD más sencilla. Por ejemplo, el reconocimiento de un cliente mediante datos first-party puede alcanzar el 92 %, frente a solo el 65 % con datos de terceros agregados.
Asimismo, personalizar la experiencia basándose en datos directos puede aumentar en +35 % la tasa de recompra entre clientes existentes. En términos legales, apoyarse en datos facilitados voluntariamente por el usuario reduce en torno a un 80 % los riesgos vinculados a la privacidad: se evitan tratamientos opacos de datos de terceros sin consentimiento.
¿Cómo capitalizar estos first-party data?
Primero, reforzando su recogida: anima a los visitantes a crear una cuenta, suscribirse a una newsletter o compartir preferencias a cambio de un valor real (contenido premium, ofertas personalizadas…). Despliega una interfaz de consentimiento clara: el usuario debe entender qué datos comparte y para qué.
Después, invierte en herramientas capaces de centralizar y activar inteligentemente esta información. Por ejemplo, una Customer Data Platform (CDP) puede unificar datos de cliente de varias fuentes en un perfil único, explotable para segmentar o personalizar. Por último, desarrolla capacidades analíticas internas: ¿qué secciones de tu web visitó tal usuario? ¿Qué recorrido conduce a la conversión? Insights antes comprados a data brokers pueden obtenerse internamente con una estrategia data-driven robusta.
Dicho esto, los first-party data también tienen límites: conciernen sobre todo a tu audiencia existente o cautiva. Por definición, tus propios datos no alcanzan a quienes aún no te conocen. Y no todo el mundo querrá crear una cuenta en cada sitio: hay que ser realista y no esperar rastrear al 100 % de los visitantes sin cookies de terceros.
La clave será maximizar el intercambio de valor (contenido relevante, beneficios reales) para fomentar el mayor número posible de opt-ins voluntarios. Piensa también en las alianzas: los editores pueden mutualizar sus datos first-party de forma respetuosa (mediante data clean rooms) para ofrecer segmentos de audiencia ampliados a los anunciantes. En 2025 proliferaron las soluciones de clean rooms: por ejemplo, WPP adquirió la startup InfoSum para reforzar el intercambio de datos anonimizados entre anunciantes y editores.
Estas plataformas «búnker» permiten a varios actores comparar o cruzar sus bases de clientes sin intercambiar nunca datos en bruto: todo se realiza de forma cifrada y agregada. Resultado: un anunciante puede alcanzar a clientes de un editor socio (y viceversa) asegurando que solo se dirijan a perfiles coincidentes, sin revelar datos personales identificables ni almacenarlos fuera de su origen. Para empezar en 2026, identifica aliados potenciales (editores con audiencias complementarias, partners retail, etc.) y explora estos mecanismos de data sharing seguro que anticipan el futuro del targeting a gran escala, 100 % conforme y transparente.
En paralelo a los emails y las CDP, considera activar las Web Push Notifications, una palanca especialmente eficaz para transformar a un visitante opt-in en un contacto re-enganchable. Estas notificaciones se basan en un consentimiento explícito, usan únicamente datos locales y permiten enviar mensajes segmentados en tiempo real, incluso tras abandonar el sitio.
Apostar por la publicidad contextual
Una de las alternativas más simples y probadas a las cookies de terceros es volver a la segmentación contextual. Se trata de mostrar anuncios en función del contenido de la página web consultada, en lugar del historial de navegación del usuario. Por ejemplo, un anunciante de material deportivo colocará sus banners en sitios o artículos sobre deporte; una oferta de préstamo hipotecario aparecerá en un portal de Patrimonio/Finanzas, etc.
La idea central: el contexto en el que se encuentra el usuario ya revela su intención o sus intereses del momento, lo que permite difundir un mensaje pertinente sin necesidad de seguirle de sitio en sitio.
Técnicamente, la publicidad contextual se apoya en algoritmos de análisis semántico y temático de las páginas web. Las plataformas (como la Red de Display de Google Ads) escanean el texto, las palabras clave e incluso los elementos visuales para deducir el tema de la página y ajustar anuncios afines. Por ejemplo, en un blog de cocina vegetariana, el algoritmo puede proponer anuncios de libros de recetas veganas o utensilios de cocina en lugar de mostrar al azar el último anuncio de un SUV o viajes de aventura.
Esta pertinencia contextual ofrece varias ventajas
Alcanzamos al usuario justo cuando está involucrado en un contenido relacionado, por lo que es más receptivo al mensaje publicitario. También reducimos el riesgo de molestar al consumidor, ya que el anuncio encaja de forma natural en su entorno en lugar de irrumpir fuera de contexto. Por último, se refuerza la imagen de marca tanto del anunciante como del editor al apoyar contenidos de calidad coherentes con el anuncio. Y, lo más importante, no se necesitan datos personales para este targeting: no hay violación de la privacidad y, por tanto, cumplimiento por diseño.
Por supuesto, el contextual también tiene límites
Será menos preciso o personalizado que una segmentación individual. Dos lectores del mismo artículo verán el mismo anuncio contextual, donde antes podrían haber visto mensajes distintos según sus cookies. Aun así, muchos anunciantes redescubren que el contexto es un excelente proxy de intención.
Además, el contextual requiere inventario relevante y suficiente volumen por temática para escalar campañas. Los grandes editores temáticos o las redes especializadas por intereses parten con ventaja. También hay que asegurarse de que el contexto elegido se corresponda con la audiencia objetivo: ciertos nichos muy específicos pueden tener dificultades para encontrar entornos adecuados. No obstante, gracias a los avances del NLP y la IA, el targeting contextual moderno va mucho más lejos que hace 15 años: sabe interpretar con mayor finura el sentido de una página e incluso evitar contextos desfavorables (brand safety), lo que lo convierte en una alternativa de primer nivel en un mundo post-cookies de terceros.
Adrena’tips: Para empezar, audita tus compras de medios actuales: ¿qué partidas de presupuesto podrían redirigirse a puro contextual? Lanza campañas piloto en 2026 sobre algunos segmentos clave, mide engagement y conversiones: podrías llevarte gratas sorpresas, sin espiar a nadie.
Explorar identificadores alternativos (IDs únicos compartidos)
Otra vía que explora la industria publicitaria es la de los identificadores alternativos, a menudo llamados IDs persistentes o universales. La idea es sustituir el dúo cookie de terceros + sincronización entre plataformas por un identificador único común del usuario, usado a través de sitios y apps socios. En la práctica, puede ser un ID basado en el email hasheado del usuario (si creó una cuenta) o un token cifrado emitido por un tercero que muchos sitios aceptan reconocer.
Entre las iniciativas conocidas figuran Unified ID 2.0 (impulsada inicialmente por The Trade Desk) o soluciones de ID5, LiveRamp, Neustar, etc., a menudo en open source o en partenariado interempresarial.
Las ventajas prometidas son atractivas. Para el usuario, sería un login único seguro que da acceso a múltiples servicios online (en la línea de «Iniciar sesión con Google/Facebook», pero neutral y respetuoso con la privacidad). No más 50 cuentas y consentimientos distintos: un identificador creado voluntariamente podría acompañarle por los sitios participantes de forma transparente.
Para los anunciantes, permitiría reconstruir un perfil completo cross-plataforma (web, móvil, CTV, etc.) y contactar a la persona adecuada en el momento adecuado con un mensaje a medida, es decir, conservar los beneficios del targeting individualizado pero con consentimiento explícito e informado (el usuario habría aceptado ese ID único). Además, como estas soluciones suelen estar cifradas y seudonimizadas, ofrecen a priori un alto nivel de seguridad y control de los datos.
Aun así, estamos lejos de una adopción masiva
Estos sistemas requieren una enorme cooperación entre numerosos actores competidores (editores, redes, DSP, anunciantes…) para ser eficaces. El sector sigue fragmentado y receloso: no todos están dispuestos a compartir identificadores o depender de un sistema de terceros.
También está el reto de la adopción por parte del usuario: convencerle de crear y usar ese ID universal no es tarea fácil (muchos ya se resisten a iniciar sesión una vez, ¡imagina 20!). Iniciativas como MyAccountID o FranceConnect (en otro ámbito) muestran la complejidad de instaurar un ID universal incluso cuando simplifica la vida del usuario. Y, legalmente, tal ID debe basarse en un consentimiento férreo y ofrecer una retirada sencilla; de lo contrario, podría percibirse como un «supercookie» aún más intrusivo.
Con todo, en 2026 conviene seguir y probar estas soluciones si surge la oportunidad. Algunas redes o marketplaces publicitarios ya proponen campañas apoyadas en un ID único (p. ej., conectándose a un grafo de identidad de partners). Si dispones de una base de emails de clientes, puedes experimentar el audience matching con soluciones como LiveRamp (que transforma emails hasheados en IDs utilizables para targeting en sitios de medios socios).
Adrena’tips: Sé transparente y exigente con la conformidad: asegúrate de que el usuario consintió que su email se use para este matching publicitario, e infórmale claramente del mecanismo.
En definitiva, los IDs alternativos son una vía prometedora para recrear el targeting determinista (basado en datos verificados) en un marco respetuoso, pero quizá no se conviertan en mainstream ya en 2026. Considéralos una cuerda más en tu arco —sobre todo si impactas audiencias conocidas e identificadas—, recordando que complementarán otras aproximaciones más que sustituir por completo el viejo mundo de la cookie.
Adoptar el targeting probabilista y métodos sin identificadores
Ante la disminución de datos personales accesibles, el targeting probabilista se impone como alternativa complementaria. En lugar de impactar a un individuo porque sabemos exactamente quién es (targeting determinista), buscamos alcanzarlo porque creemos que cumple ciertos criterios, por inferencia estadística.
Dicho de otro modo, sustituimos el seguimiento individual por la modelización de audiencias. En concreto, abarca varias técnicas: fingerprinting de dispositivo, targeting por cohortes (grupos de usuarios con intereses similares) o IA predictiva para encontrar usuarios «parecidos» a tus clientes conocidos.
El fingerprinting
Consiste en identificar un dispositivo o navegador por sus características únicas (configuración, IP, plugins, etc.) en lugar de con una cookie. Permite reconocer al mismo usuario en visitas posteriores incluso sin cookies y tiene la ventaja de no depender de mecanismos de consentimiento de cookies.
Sin embargo, es un arma de doble filo: usado sin transparencia, puede percibirse como una vulneración mayor de la privacidad que las propias cookies, ya que el usuario apenas puede protegerse. Algunos navegadores refuerzan activamente la protección contra el fingerprinting (Firefox lo bloquea; Brave aleatoriza huellas, etc.).
El propio Google, al tiempo que retrasaba el fin de las cookies, suavizó su postura en 2025: anunció que, bajo condiciones, las empresas que usan sus productos publicitarios podrían emplear técnicas de fingerprinting a partir del 16 de febrero de 2025. Esto sorprendió, pues Google había denunciado históricamente el fingerprinting como una vía para eludir el consentimiento. El mensaje es que, mientras no se «use abusivamente con fines ilegales» (según la ICO británica citada por Google), se tolerará.
En 2026, el fingerprinting puro debe manejarse con gran cautela: puede ser un último recurso para medir mínimamente la eficacia publicitaria (frecuencia de exposición, prevención del fraude, capping…), pero debe encuadrarse en una práctica ética y legal (información clara en la política de privacidad, uso limitado, etc.).
Targeting por cohortes o temático
En vez de rastrear a personas individualmente, el navegador agrupa a los usuarios por intereses comunes y se impactan esos grupos de forma anonimizada. Por ejemplo, la Topics API de Chrome (Privacy Sandbox) asigna a cada internauta algunos temas de interés dominantes según su navegación reciente, sin revelar a los anunciantes su historial completo.
Estos temas (p. ej., «deporte», «viajes») sirven de base de targeting. Google diseñó el sistema sin un ID único persistente: los datos del usuario permanecen en su navegador y solo emergen de forma agregada (pertenencia a un segmento). Del mismo modo, otras API de la Privacy Sandbox pretenden permitir la medición de conversiones o el remarketing sin cookies mediante cálculo seguro y límites estrictos (p. ej., FLEDGE para retargeting on-device o API de atribución que devuelven resultados numéricos sin identificar quién hizo clic).
En 2025 estas tecnologías seguían en pruebas, con su adopción real retrasada por el cambio de plan de Google. Aun así, encarnan una dirección interesante: segmentar sin identificar, gracias al aprendizaje automático.
Desde 2026, si compras programática, infórmate del estado de estas soluciones: puede que algunos SSP/DSP ya ofrezcan deals «sin cookie» apoyados en señales anónimas (cohortes, contextual semántico enriquecido con IA, etc.). Pruébalos y compara su rendimiento con el de tus campañas tradicionales.
Machine learning y modelización estadística
Cada vez más avanzados, ofrecen vías potentes para impactar y medir sin cookies. Más marcas adoptan enfoques híbridos que combinan datos deterministas (su base de CRM, identificadores first-party) con métodos probabilistas para ampliar el alcance.
Por ejemplo, puedes usar tus datos deterministas (como emails) para reimpactar con precisión a tus usuarios existentes y emplear esos mismos perfiles para entrenar un modelo de semejanza. La IA puede analizar rasgos comunes de tus mejores clientes y buscar en línea individuos con perfil similar (principio de las audiencias lookalike, ahora potenciado por los avances recientes de la IA). Estos métodos no requieren rastrear a cada persona: operan sobre datos agregados y correlaciones.
Adrena’tips: En lugar de seguir el camino individual de un prospecto anónimo, se puede predecir estadísticamente que cierto comportamiento (visitar tales páginas de producto, volver 3 veces en una semana, etc.) tiene X % de probabilidad de convertir, y ajustar pujas o mensajes en consecuencia para todos los usuarios con ese comportamiento.
Para medir el rendimiento sin cookies, vemos el regreso de técnicas como el marketing mix modeling (MMM) o las pruebas de incrementalidad (p. ej., exponer un grupo a la publicidad y aislar otro grupo control no expuesto para comparar conversiones). Estos métodos agregados y probabilistas compensan la pérdida de seguimiento individual aportando tendencias fiables sobre la eficacia de las campañas, todo ello sin tracking nominal.
El inconveniente es una pérdida de granularidad (ya no se puede atribuir cada venta a cada clic exactamente) y la necesidad de competencias analíticas más avanzadas. Pero surgen muchas soluciones para acompañar esta transición: plataformas especializadas analizan tus datos para detectar segmentos de alto potencial o fraudes de atribución. En 2026, invertir en estas capacidades probabilistas (data science, IA de marketing, herramientas de experimentación) será un factor clave de éxito para seguir optimizando en un universo menos rastreable.
Aprovechar la Web Push: una palanca sin cookies y con opt-in directo
La Web Push se impone como una de las alternativas estratégicas más potentes a las cookies de terceros, en particular para el retargeting y la fidelización, sin recurrir a un tracking invasivo. Este formato permite a un sitio web recoger un opt-in directo del usuario, a través del navegador, sin exigir email ni creación de cuenta. Una vez suscrito, el usuario puede recibir mensajes personalizados incluso cuando ya no está navegando por el sitio.
Este canal ofrece numerosas ventajas en un entorno privacy-first:
- 100 % RGPD-compliant: cada envío se dirige a un usuario que ha dado su consentimiento explícito.
- Sin cookies: la Web Push no depende de identificadores de terceros ni de tracking entre sitios.
- Altas tasas de engagement: gracias a su visibilidad en desktop y móvil, la Web Push registra CTR de entre el 5 % y el 15 %, según los sectores.
- Ideal para reimpacto: es posible automatizar escenarios de relanzamiento tras una visita, un abandono de carrito o una inactividad prolongada, a partir de los datos de navegación on-site.
Adrena’tips: En 2026, integrar la Web Push en tus recorridos compensa la pérdida de reach ligada a las cookies de terceros. Activa primero una solución compatible con el RGPD en tu sitio, propone la suscripción en momentos estratégicos (p. ej., fin de lectura, añadido al carrito) y explota segmentos de comportamiento para personalizar campañas.
Un playbook «privacy-first» en 8 pasos
Para sintetizar la transición, aquí van algunos consejos prácticos para profesionales del marketing y editores que inician su camino hacia una publicidad sin cookies:
- Auditad vuestras dependencias de cookies de terceros: identificad qué canales, herramientas o partners usan tracking de terceros (DSP, DMP, retargeting, analytics…) y evaluad el impacto si desaparecen esos datos. Priorizad alternativas donde el riesgo sea mayor.
- Reforzad la recogida de datos con consentimiento: priorizad el registro, la creación de cuenta y las encuestas voluntarias. Enriqueced vuestro CRM con datos declarativos (preferencias, intenciones) aportados por los usuarios a cambio de valor real (consejos personalizados, recompensas, contenido exclusivo). Cuanto más ricos sean vuestros first-party data, menos notaréis la ausencia de cookies de terceros.
- Comunicad con transparencia y pedagogía: explicad los cambios en curso, vuestros compromisos de privacidad y cómo mejoran la experiencia. Un usuario informado y tranquilo es más proclive a compartiros datos directamente (opt-in a newsletters, etc.) que un usuario desconfiado.
- Probad alternativas progresivamente: no esperéis a la perfección para experimentar. Montad campañas piloto contextuales, probad un partenariado de data sharing con un actor complementario, instalad vuestra solución de web push, activad las Conversion API avanzadas de Google o Facebook (enviando conversiones hasheadas) para rellenar huecos de atribución. Cada test reduce incertidumbre y acelera el aprendizaje.
- Combinad enfoques de forma híbrida: no habrá una solución única. Aprovechad varias alternativas en paralelo para compensar sus límites. Por ejemplo, usad first-party data para reimpactar a clientes fieles, contextual para prospectar, y lookalikes probabilistas para ampliar alcance. Mezclar determinista y probabilista maximiza cobertura manteniendo precisión donde más importa.
- Medid de otra manera —y con inteligencia—: adoptad nuevos KPI y métodos analíticos. Vigilad indicadores globales (ventas totales, LTV) más que microconversiones multitouch. Usad enfoques estadísticos (MMM, análisis regionales) para asignar mérito sin tracking individual. Y aceptad un margen de incertidumbre: en 2026 navegaremos más «con brújula» que con GPS ultra-preciso, pero con las herramientas adecuadas es perfectamente gestionable.
- Formad a equipos y partners: la transición cookieless exige nuevas competencias. Sensibilizad a marketing, data y legal sobre privacidad. Alinead a partners (agencias, redes) con vuestros requisitos. Cuanto más alineado esté el ecosistema, más fluida será la transición.
- Vigilad la evolución legal y técnica: estad al día de las próximas normativas (p. ej., futuro Reglamento ePrivacy) y de los avances de los navegadores. 2026 no será el final de la historia: vendrán más cambios (¿nuevas restricciones al fingerprinting? ¿API publicitarias estandarizadas?). Con una buena vigilancia activa podréis anticipar en lugar de sufrir estos cambios.
Tabla comparativa de alternativas a las cookies de terceros
Para aclarar el panorama, aquí tienes una tabla sintética que compara las principales alternativas tratadas, con sus ventajas, inconvenientes e impacto en el rendimiento.
Hacia una publicidad eficaz y ética
La era de una publicidad cada vez más libre de cookies de terceros no es el fin del marketing digital, sino el comienzo de un nuevo capítulo basado en la innovación y la confianza. El año 2026 marca el punto de partida de un ecosistema donde los datos personales se usan de forma más comedida e inteligente. Los profesionales del marketing y los editores ya disponen de un abanico de soluciones para seguir logrando objetivos: aprovechar los datos propios y la relación directa con las audiencias, devolver el contexto al centro del targeting, experimentar con enfoques alternativos (IDs compartidos, cohortes anonimizadas, IA predictiva…) y replantear los métodos de medición.
Es cierto que la transición exige esfuerzo y un cambio de mentalidad. Hay que aceptar perder ciertas facilidades del tracking masivo y reemplazarlas por un conocimiento de cliente más cualitativo y una creatividad renovada en la adquisición. Pero lejos de lastrar el marketing, esta transformación puede hacerlo más sostenible y más virtuoso.
Una publicidad menos intrusiva y mejor aceptada ofrece, en última instancia, mejores resultados: tus mensajes alcanzan a las personas en el momento adecuado, en soportes que respetan sus elecciones. Además, al demostrar que respetas su privacidad, construyes un capital de confianza que repercute positivamente en tu marca y en las tasas de engagement.
En 2026, es momento de «dar el gran salto» hacia una publicidad quizá pronto sin cookies de terceros. Empieza ya, paso a paso, aplicando los consejos prácticos y activando las alternativas disponibles. Unirás expertise técnica con experiencia de usuario, reforzarás tu autoridad en protección de datos y demostrarás la fiabilidad de tus prácticas. La era de la cookie ha quedado atrás; la de un marketing digital más responsable y igual de eficaz está a tu alcance, y es ahora cuando hay que escribirla.



